No niegues un beneficio al que lo pida, cuando estuviere en tu poder concederlo. (Pro 3,27)
אַל־תִּמְנַע־טֹ֥וב מִבְּעָלָ֑יו בִּהְיֹ֨ות לְאֵ֖ל יָדְיךָ֣* לַעֲשֹֽׂות׃
μὴ ἀπόσχῃ εὖ ποιεῖν ἐνδεῆ, ἡνίκα ἂν ἔχῃ ἡ χείρ σου βοηθεῖν·
Noli prohibere benefacere eum, qui potest: si vales, et ipse benefac.
Aunque la traducción no menciona directamente la mano, conviene recordar esta palabra hebrea, porque el texto original dice que alguien está en el poder de “tu mano”. Sugiere que puedes hacer el bien, porque Dios te llama a abrirte al bien. La mano ya no toma con avidez, no guarda para sí, sino que es una prolongación de la acción de Dios.
