¿Has llegado hasta las fuentes de los mares, has paseado por las honduras del abismo? (Jb 38,16)
הֲ֭בָאתָ עַד־נִבְכֵי־יָ֑ם וּבְחֵ֥קֶר תְּ֝הֹ֗ום הִתְהַלָּֽכְתָּ׃
Numquid ingressus es profunda maris, et in novissimis abyssi deambulasti?
ἦλθες δὲ ἐπὶ πηγὴν θαλάσσης, ἐν δὲ ἴχνεσιν ἀβύσσου περιεπάτησας;
El primer latido del corazón, el primer aliento, el primer rayo de sol en la pupila y la primera gota de lluvia en la mejilla tienen su origen en el aliento de Dios. Las fuentes del amor de Dios fluyen continuamente y alimentan el océano de la Divina Misericordia.
