Entre lágrimas habían partido, entre consuelos los devuelvo junto a los arroyos de las aguas, por un camino llano, donde no dan traspiés. Pues soy un padre para Israel, Efraín es mi primogénito. (Jer 31,9)
בִּבְכִ֣י יָבֹ֗אוּ וּֽבְתַחֲנוּנִים֮ אֹֽובִילֵם֒ אֹֽולִיכֵם֙ אֶל־נַ֣חֲלֵי מַ֔יִם בְּדֶ֣רֶךְ יָשָׁ֔ר לֹ֥א יִכָּשְׁל֖וּ בָּ֑הּ כִּֽי־הָיִ֤יתִי לְיִשְׂרָאֵל֙ לְאָ֔ב וְאֶפְרַ֖יִם בְּכֹ֥רִי הֽוּא׃
in fletu venient et in precibus deducam eos et adducam eos per torrentes aquarum in via recta et non inpingent in ea quia factus sum Israheli pater et Ephraim primogenitus meus est.
ἐν κλαυθμῷ ἐξῆλθον καὶ ἐν παρακλήσει ἀνάξω αὐτοὺς αὐλίζων ἐπὶ διώρυγας ὑδάτων ἐν ὁδῷ ὀρθῇ καὶ οὐ μὴ πλανηθῶσιν ἐν αὐτῇ ὅτι ἐγενόμην τῷ Ισραηλ εἰς πατέρα καὶ Εφραιμ πρωτότοκός μού ἐστιν.
El camino (דֶּרֶךְ derek), un sustantivo aparentemente común en hebreo, tiene una amplia gama de significados y aplicaciones: “viaje”, “comportamiento”, “forma de vida”, “costumbre” e incluso “destino”. También, “la historia de la salvación” puede describirse como “el camino de la salvación”.
En la primera lectura de hoy (Jr 31,7-9), דֶּרֶךְ (derek) indica la guía de Dios a los que fueron llevados al cautiverio y que regresan a casa llena de alegría. La alegría de la liberación es la experiencia de los heridos, enfermos, ciegos y lisiados, pero que son conducidos a la “corriente de agua” como ovejas sedientas por un pastor y como niños por un padre cariñoso.
En el pasaje evangélico (Mc 10,46b-52), sin embargo, la curación que el Señor Jesús realiza, devolviendo la vista al ciego de Jericó, es un símbolo de lo que todo discípulo de Jesús necesita para seguir a Jesús en el camino. Hay muchos tipos de ceguera, y cada una de ellas es una forma de discapacidad que lleva a la persona a sentarse al margen de la vida como un ciego al borde del camino, pidiendo limosna, en lugar de seguir a Jesús, viéndolo caminar decidido hacia Jerusalén. Hay, sin embargo, una salida, gracias a la sencilla palabra: «Maestro, déjame ver».
