En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe, que hace guardia sobre los hijos de tu pueblo. Será aquél un período de angustia como no lo hubo desde que existen las naciones hasta aquel día. Entonces serán salvados, de entre el pueblo, todos aquellos que se hallen inscritos en el libro. (Dn 12,1)
וּבָעֵ֣ת הַהִיא֩ יַעֲמֹ֨ד מִֽיכָאֵ֜ל הַשַּׂ֣ר הַגָּדֹ֗ול הָעֹמֵד֮ עַל־בְּנֵ֣י עַמֶּךָ֒ וְהָיְתָה֙ עֵ֣ת צָרָ֔ה אֲשֶׁ֤ר לֹֽא־נִהְיְתָה֙ מִֽהְיֹ֣ות גֹּ֔וי עַ֖ד הָעֵ֣ת הַהִ֑יא וּבָעֵ֤ת הַהִיא֙ יִמָּלֵ֣ט עַמְּךָ֔ כָּל־הַנִּמְצָ֖א כָּת֥וּב בַּסֵּֽפֶר׃
In tempore autem illo consurget Michael, princeps magnus, qui stat pro filiis populi tui, et erit tempus angustiae, quale non fuit ab eo, quo gentes esse coeperunt, usque ad tempus illud. Et in tempore illo salvabitur populus tuus, omnis, qui inventus fuerit scriptus in libro.
καὶ κατὰ τὴν ὥραν ἐκείνην παρελεύσεται Μιχαηλ ὁ ἄγγελος ὁ μέγας ὁ ἑστηκὼς ἐπὶ τοὺς υἱοὺς τοῦ λαοῦ σου· ἐκείνη ἡ ἡμέρα θλίψεως, οἵα οὐκ ἐγενήθη ἀφʼ οὗ ἐγενήθησαν ἕως τῆς ἡμέρας ἐκείνης· καὶ ἐν ἐκείνῃ τῇ ἡμέρᾳ ὑψωθήσεται πᾶς ὁ λαός, ὃς ἂν εὑρεθῇ ἐγγεγραμμένος ἐν τῷ βιβλίῳ.
Angustia (ṣārâ צָרָה): la raíz verbal de esta palabra remite al verbo acadio “envolver” y al arameo “atar”. En hebreo, este sustantivo también significa “dolor (de parto)”, “miedo”, “aflicción”, “miseria”, “desgracia”. En el Antiguo Testamento, aparece con mayor frecuencia en discursos proféticos y en la literatura sapiencial, y tiene connotaciones con la “estrechez” en el sentido físico.
En la Primera Lectura de hoy (Dn 12,1-3), el profeta anuncia un tiempo de “angustia” como nunca antes se había visto. No debería sorprendernos que este tiempo sea también un tiempo de salvación; ¿acaso no es en tiempos de angustia cuando esperamos ser liberados de ella y de las aflicciones que trae todo dolor?
En el Evangelio (Mc 13,24-32), en cambio, el Señor Jesús habla a sus discípulos sobre la higuera que despierta a la vida y brota con ramas nuevas. Un despertar así es lo que necesitamos en cada momento, para no vivir la vida como autómatas atrapados en una especie de “matriz”, sino para mirar conscientemente la realidad y ver la acción providencial de Dios.
